Cuentos sabios

*Hace mucho tiempo, se dice que un angel decidio castigar al hombre.

Puesto que el Señor le habia dado abundancia, riqueza, belleza y sabrosos frutos de las estaciones, y el ser humano no habia sido capaz de reconocerlo y se convirtio en ese ser egoista, malvado y arrogante tras diversas mascaras y que decir de sus costumbres de enriquecerse a costa de sus otros hermanos.

La criatura celestial, el hombre, cultiva lo que en un ataque de rabia y dolor propios, mezquindad y materialismo, determino que fuera privado de la calidez del sol y los brotes de la tierra, relegandolo a un invierno sin fin. No habia mas colores ni fragancias y el hielo lo cubria todo: habia quien maldijo a la existencia, quien se hizo aun mas cruel y duro de corazon, hubo quienes se hicieron astutos y oportunistas y aquellos que aceptaron el castigo y llevaron una vida honesta y sencilla, manteniendo viva la esperanza de poder volver a ver un dia el sol.

Entre estas pocas almas piadosas, habia un anciano fragil, cansado de ver al hombre discutiendo y matandose unos a otros por los bienes materiales, se marcho de su pueblo para llevar una vida como un pobre vagabundo. Camino sin parar, todos los dias de su existencia, dando gracias al cielo por lo poco que podia tener para alimentarse, vivir con el corazon limpio y generoso, siempre disponible para cualquier persona necesitada.

Pero los años pasaron y un dia el viejo sabio, ahora agotado por el frio y el cansancio, se desplomo en el borde de una pista y ya no podia ponerse de pie. Se envolvio en su tunica de tela gruesa, lisa por el tiempo y la vida, gastado en la pobreza. En la bolsa negra que llevaba siempre con el habia un pequeño trozo de pan seco, que atrajo tembloroso y hambriento. Paso su brazo sobre los labios secos y agrietados, ocultos por una barba blanca y espesa. Observo durante mucho tiempo la harina, para acostumbrarse a la idea de que podria ser la ultima vez: tenia los pies congelados por la nieve y la piel arrugada por el frio, convertido en una corteza de roble duro. Sus ojos brillaron y sintio que se quemaban: las lagrimas eran la unica cosa caliente y consoladora.

Trato de recordar las flores, ¿cual era su olor,? trato de imaginar el cielo turquesa y las nubes blancas que parecian de algodon. Hurgo mucho en todos sus recuerdos para recordar como era el calor del sol en su piel, su luz y el amor calido que le dio al mundo. Pero ahora se sentia todo demasiado lejano.
Suspiro, y confundido, tratando de cazar a cada pensamiento y poner en su boca por lo menos lo poco que le quedaba para comer… Fue entonces cuando sintio un gran sonido, capaz de hacerle olvidar por un momento el hambre: un chirrido estridente gorjeo de una vida, un soplo de esperanza. A unos metros de distancia, una pequeña criatura de la cabeza celestial le observo: hincho sus plumas, inclinando la cabeza hacia un lado y luego el otro. Lo miro con ojos curiosos negros y afilados como alfileres, rebotando ligeramente en la nieve brillaban.
Sus delgadas piernas y los negros ojos no produjeron ningún sonido, pero el anciano sintió que, en cada salto leve, el herrerillo azul dejaba huellas profundas e indelebles en su corazón.
Se detuvo un momento envuelto en un silencio casi sagrado, por temor a que el gorrión volara lejos, junto con su esperanza.
Pero el pájaro se quedo mirándolo fijamente, mirando con confianza ese pedazo de pan que el sabio anciano agarro en su mano.

Cuando el hombre vio, despertó de ese extraño letargo:  ? Oh, es eso lo que quieres, pequeña criatura  dijo de pronto en voz baja, para no molestar a su pequeño amigo.
¿Tienes hambre también, ¿no es así? Puedo entender bien, con esta nieve. No hay brote de flor o semilla que dará fruto 
El hambre ahora gritaba cada vez mas fuerte, y el anciano sintió fuertes dolores estomacales. Desde luego, podría dar al pajarito, pero eso no sera suficiente para alimentarlo a el tampoco, tanto fue así que su buen corazón sugiere lo mejor.

Una vez fue su canción la que despertaba las semillas de la tierra y sus frutos, y daba la bienvenida a los cálidos rayos del sol > dijo el hombre con voz temblorosa < No serviré mucho tiempo ‘ perenne invierno, pero usted tiene que sobrevivir a mi amigo, sin su amor, sin su voz melodiosa, la tierra no tendrá esperanza de despertar de este letargo frío. Vivir para dar vida, criatura de la cabeza de color turquesa, vivir el momento en que el cielo nos dará el perdón y pueda revivir esta maravillosa tierra 

Y, diciendo esto, reducido a migajas de lo que quedaba de la barra de pan, se lo ofreció como un ultimo regalo al pajarillo azul, desparramándolo en la nieve virgen. El ave comenzó a gorjear, trinar lleno de gratitud, ya que el anciano le brindo una suave sonrisa y se acurruco cansado y temblando a los pies de un gran arbol. Finalmente se quedo dormido.
El ángel bendito, hasta entonces oculto en ese pequeño cuerpo emplumado, recupero su forma y se acerco al anciano sin vida. Observo como se movía, con los ojos llenos de ternura, acaricio su rostro, con los brazos blancos agraciados.
 Durante mucho tiempo estuve esperando que alguien haga honor a la belleza del corazón – susurro suavemente – un largo tiempo de espera para que el altruismo y el amor renacieran para dar calor a la tierra. Y ahora, vuestros sacrificios perduraron, sin tener miedo del frío o al hambre. Cuando despiertes estarás entre prados y entre mariposas iridiscentes, el sol calentará tu cuerpo frágil y vivirás el cielo turquesa 

Entonces sonrió dulcemente: < Es para los corazones como el tuyo que vale la pena volver a reverdecer la Tierra. Para corazones asi, que tienen el valor de confiar en lo que queda de bueno en el ser humano, porque hoy haz demostrado que el amor aun no ha desaparecido>.
Al decir esto, el ángel rompió el hechizo y el mundo tuvo su primavera: entre sonidos dulces y melodiosos, la nieve desapareció y nuevas flores florecieron para enriquecer la tierra. Frutas jugosas alegrando las ramas de las plantas y el sol se puso caliente y feliz inundando los campos de trigo.

Así, cada año, en memoria de ese sacrificio dulce, este hechizo cíclico lleva a recordar a la gente lo que significa tener un corazón para amar, lo que significa amar, y compartir -partir el pan al medio o darlo, sacrificándose por un bien mayor- cuando la helada cubre el suelo o tu corazón * no tengas un corazón de hielo,
deja que el Amor te envuelva, permite que el Amor de Dios te derrita

Si tu lo permites en cada situación, doblega tu ego, abre tu corazón y siempre tendrás la calidez del sol.

En la medida en que seamos capaces de sembrar amor, vamos a ser capaces de disfrutar de los merecidos frutos de una eterna primavera.
Solo en la medida del intento de amar, y de un corazón dulce abierto, todo llegará.

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